1.- Antecedentes.

A finales del siglo XIX un empresario, el segundo Marqués del Comillas, de profundas convicciones religiosas, crea un poblado minero para los trabajadores de su empresa. Se supone que una visita a Bustiello debería contar eso. Pero no lo hace. Se utilizan todo tipo de recursos para desprestigiar la obra. Es una visita politizada, en realidad es un mitin. Se trata de que lleguemos a una conclusión: cualquier atisbo de bondad allí o en un empresario es un espejismo. Todo se hizo con las peores intenciones.

Los recursos son los de un mitin. Inexactitudes, manipulaciones, y sobre todo juicios de intenciones. Sin ninguna prueba, argumento o fundamento se dice que esto “se hizo por…” (naturalmente algo horrible) por la sencilla razón de que así se lo imagina quien lo dice. Lamentable.

2.- El planteamiento.

El mitin propiamente dicho se inicia con una infamia. Es un ataque directo a la Corona basado en una simpleza. Se nos dice que los Reyes hacen negocios y ganan dinero con amigos, devolviéndoles el favor con títulos nobiliarios. Eso explica que el Marqués de Comillas, para la guía prácticamente un criminal, tuviera ese título apellidándose López López. Se injuria a Alfonso XII y a Alfonso XIII con una argumentación de café y copa en el bar Paco.

La realidad nos la indica este comentario irónico de un periodista de 1878: “Ahora no nos sorprende, pero nos maravilla, el aluvión de títulos de Castilla que ha caído sobre una multitud de personas ilustres, ilustrísimas, excelentísimas y admirabilísimas de hoy en adelante”[1]. En una sola sesión, el 6 de febrero de 1878, se firman 8 títulos nobiliarios, entre ellos el de Marqués de Comillas[2]. ¿Es que el Rey tiene muchos amigos, como se dice en el mitin? No, es que el titulo nobiliario se ha convertido en una forma habitual de reconocer diferentes méritos, como pueden ser los empresariales, los diplomáticos o los literarios. Ya no se cree que el único modo de servir a la patria digno de recompensa es el hecho de armas. Todo el que sirva al país de forma destacada puede merecer una distinción. Por eso personas “sin apellido” y de muy diferentes procedencias sociales son distinguidas.

En este contexto se ennoblece a los empresarios, ya que se entiende que sus compañías prestan una valiosa contribución al país. No dar un título a don Antonio López y López es como si ahora se siguieran dando reconocimientos a los empresarios y se excluyera al presidente de Telefónica o a la presidenta del Banco Santander.

Este primer ejemplo de mentira y manipulación no es anecdótico. Define el propio objeto del mitin de Bustiello. Utilizar cualquier medio para utilizar un mensaje político. El empresario no sabe lo que es la bondad y todo cuanto se hizo fue mal intencionado, para controlar al obrero.

La visita al poblado minero de Bustiello debería relatar la pretensión de un gran empresario católico de crear un pueblo para sus empleados. Pero eso significaría que el empresario no es un ser abyecto, malvado, corrupto, avaricioso y despreciable. Esto es algo que la izquierda asturiana no puede aceptar. Un empresario, por definición, por el hecho de serlo, no tiene un acto bondadoso, justo o humanitario.

Por eso el poblado minero de Bustiello no se visita. Lo que el poblado minero de Bustiello llama visita es un mitin destinado a demostrar que todo aquello fue obra de miserables. El mitin pretende denigrar lo que se hizo. Y lo consigue plenamente. La taxista salió asqueada, maldiciendo la gentuza que construyó aquello.

3.- Los recursos.

Como buen mitin político, el de Bustiello está basado en los juicios de intenciones, las manipulaciones -cuando no abiertas falsedades- y el veneno. El veneno en cada frase que se pronuncia.

Un ejemplo: el economato. En un sitio en el que ni hay nada, parece lógico que haya un sitio en el que se puedan comprar las cosas. Pues no. El economato constituía un acto criminal.

Parece que en vez de pagar en dinero los gastos se apuntaban en una cartilla y luego se descontaban de la nómina. Pues esto es meter a los empleados “en el mundo del crédito, del que es muy difícil salir”. Tal como lo leen se dice en el mitin. Ir y comprar y decir que te lo escriban en una cartilla es un acto perverso, ya saben.

Es verdaderamente sorprendente con qué facilidad se manipula. Aceptamos cualquier cosa. ¿Alguien se imagina a la empresa diciendo: vamos a construir un economato para amenazar con cerrarlo cuando haya una huelga? ¿Vas a mantener años, décadas un economato por eso? Es una estupidez evidente. Los trabajadores podrían acumular comida. En un entorno rural en el que hay huertos, animales, pueden aprovisionarse. Y si no, en todo caso pueden ir a una tienda del pueblo. Decir que un economato se construye para frenar huelgas es una majadería.

Pues en la línea de envenenar cuanto se pueda, se asegura que una de las finalidades del economato era desmontar protestas. Naturalmente, esto es un puro argumento político que se apoya en nada. No hay un papel que diga “vamos a construir un economato para parar conflictos”. Tampoco una prueba del tipo “en el año tal, se convocó una huelga y no se hizo ante la amenaza de la empresa de cerrar el economato”. Es sencillamente un invento simple y obviamente falso.

Se llega a criticar la propia expresión “economato”, por querer dar la impresión de ser algo barato. Lo que no se aclara… ¡es que en efecto el economato era más barato que las tiendas ordinarias![3] Se habla de la “escuela de los niños” dando a entender que las niñas no preocupaban. Falso. Hay una escuela de niñas en Ujo y desde el primer segundo preocupa tanto la enseñanza femenina como la masculina[4]. Se llama al complejo “operación de imagen”. ¿Por qué? ¿Hay una sola fuente, una sola palabra, que indique que el proyecto fue concebido así? Ninguna.

Algo más de una hora insistiendo en la misma idea. En todo, en cada detalle. Hay una galería en la casa del ingeniero desde la que se observa la carretera. Pues la carretera no se observa, “se controla”. Cada elemento es caracterizado como algo perverso.

4.- Los silencios.

Tan relevante es lo que se dice como lo que no se dice.

“¡Obreros! ¿Cuándo habéis visto á ningún trabajador de Comillas andar de puerta en puerta mendigando una limosna después de haber quedado inútil para el trabajo! Nunca.”[5] Y es que Comillas o inventa o es de los primeros en introducir el concepto de pensiones. La regla hasta entonces era que si le pasaba algo al trabajador era su problema. Pues las minas de Comillas introducen el concepto de “Caja de Beneficiencia”, que socorre a viudas, huérfanos, trabajadores impedidos…[6].

Se habla en el mitin de los elementos que componían el complejo, de los que se han conservado prácticamente todos. Se hace referencia a alguno desparecido, como la panadería. Pero ni una palabra de la estatua en honor de la Inmaculada Concepción[7]. El asistente al mitin no sabe que esta escultura, de 9 metros, existió. Naturalmente hemos de suponer que fue volada durante la guerra civil. Tampoco se dice una palabra de los adoradores nocturnos ni del Sindicato Católico Obrero de Mineros Españoles, cuyo representante en Bustiello fue objeto de atentado terrorista[8].

Y el gran silencio: ¿por qué se detuvo la construcción del poblado? Las instalaciones comunes estaban dimensionadas para un poblado mucho más grande del que actualmente existe. En 1918 parece que estaban en construcción 72 viviendas que no llegaron a terminarse[9]. Recordemos que en esa época los revolucionarios pretendían la introducción del comunismo. ¿Fueron ellos lo que pararon en proyecto? ¿Fue otra razón?

5.- El replanteamiento.

Bustiello es la respuesta católica a lo que entonces era un nuevo fenómeno, las grandes explotaciones y la vida en grandes pueblos o en ciudades. Hasta entonces, la existencia era rural y la sociedad estaba organizada para eso. Se sabía cómo organizar la vida de artesanos y trabajadores que vivían en un pueblo. Pero no se sabía cómo organizar la existencia de obreros en ciudades. Ahora nos parece obvio la existencia de figuras como subsidio de paro o pensiones. Por entonces, no estaban ni inventadas. Y eso no es tan sencillo como parece. En una sociedad rural, el concepto de “paro” no existe, siempre puedes hacer algo en el campo o coger leña en el monte y trabajarla. No necesitas un contrato de trabajo para vivir. Este es el concepto que hay cuando empiezan las primeras fábricas y no es tan fácil darse cuenta de que la realidad ha cambiado. Las nuevas explotaciones no aparecen todas juntas y de golpe. Se van superponiendo, poco a poco, en una realidad rural que mantiene sus esquemas.

Las respuestas ante la nueva situación eran muy variadas. Todo el mundo es consciente de que hay que hacer algo, pero las soluciones son muy diferentes. Está la alternativa comunista, la católica… o la del Estado “de bienestar”, que es la que terminaría imponiéndose.

La historia de Bustiello es la de un experimento católico para abordar el nuevo fenómeno de las grandes explotaciones obreras. El poblado no es la historia de una maquinación para controlar obreros, que es el relato del mitin. No lo es, entre otras cosas, porque ello supondría considerar idiotas a los trabajadores de entonces, y no parece probable que lo fueran. En el poblado destaca un monumento hecho en honor del fundador del poblado. Lo sufragaron los trabajadores. Entonces, ¿resulta que los trabajadores homenajearon a quien les quiso controlar? Ese monumento se respetó durante la Segunda República, no lo volaron.

Es claro que la visita a Bustillo necesita una reconfiguración. Para que sea eso, una visita, no un mitin. Por supuesto, claro que pueden señalarse las deficiencias del proyecto o las consecuencias probablemente no intencionadas. No se trata de pintar todo de rosa pastel. Se trata de dar una perspectiva equilibrada y real de lo que aconteció. Y eso por encima de cualquier dogma o ideología política. Y sin olvidar el balance final de lo que sucedió escrito por quienes vivieron lo que allí pasó, que por algo quisieron dejar su firma en un monumento.

[1] La Fe, 30 de enero de 1878, página 2.

[2] La época, 12 de febrero de 1878, página 4.

[3] La época, 21 de agosto de 1899, página 2.

[4] La época, 21 de agosto de 1899, página 2.

[5] Revista católica de las cuestiones sociales, 6/1918, página 24.

[6] La época, 21 de agosto de 1899, página 2.

[7] Una amplia información sobre la inauguración en El Universo 18 de agosto de 1904.

[8] El Universo, 20 de abril de 1921.

[9] Revista católica de las cuestiones sociales, 6/1918, página 24.